lunes, 8 de octubre de 2012

De los incompetentes


En nuestro entorno social y laboral a veces nos toca convivir con seres poco recomendables. No digo nada nuevo al afirmar que en demasiadas ocasiones, personas incompetentes con pretensiones de liderazgo ocupan puestos de poca o mucha responsabilidad. El incompetente no ocupa un cargo por capacidad y mérito propio. Es oportunista por naturaleza. El cargo lo ocupa por tres vías posibles: por un favor personal, por falta de candidatos para ocuparlo y, también, mediante engaño y falsedad. Su objetivo es "mandar" a cualquier precio. Son incapaces de reconocer que el liderazgo no se impone sino que fluye de la propia persona y penetra en los demás por los poros del sentimiento. Al líder y al incompetente se les nota a simple vista. Entre ambos hay una diferencia notable, el líder sabe que es líder, pero el incompetente no sabe que es incompetente. El líder es capaz de realizar proyectos, atraer a los colaboradores mejor preparados y conseguir los objetivos propuestos.
Los incompetentes pocas veces tienen la audacia de proponer un proyecto, cuando lo hacen son incapaces de dirigirlo y, además, ponen todos los medios a su alcance para impedir que otra persona con más talento pueda realizarlo. Son seres por naturaleza destructivos. Los incompetentes con delirio de líderes crean un campo de distorsión de la realidad, que es una forma elegante de decir que son mentirosos compulsivos. Se creen tanto sus mentiras que consiguen que los necios las consideren verdades. Su afán de notoriedad hace que necesiten estar rodeados de acólitos pusilánimes que no cuestionen sus decisiones. Cuentan los psicólogos que son seres que adoptan una posición de poder para esconder un profundo complejo de inferioridad. Tienen que imponer sus criterios por la fuerza porque son incapaces para convencer. Para protegerse, no dudan en practicar el nepotismo y colocar a sus (interesados) amigos en un cargo del que puedan obtener algún beneficio. El incompetente delirante tiene el autoritarismo grabado en sus genes. Suelen imponer sus propias leyes ya sea porque desconocen las normas oficiales o porque obtienen alguna clase de beneficio al no aplicarlas. Su naturaleza les hace ser cobardes, no dudan en ser crueles con los débiles o atacar cual víboras, de forma traidora, con premeditación, alevosía y, si pueden, nocturnidad a los que les cuestionan su autoridad. Les resulta insoportable saber que alguien les considere incompetentes y lo insinúe públicamente.

No me cabe la menor duda de que cualquiera puede encontrar algún parecido con la realidad.